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Tu Cliente Ideal: ¿Quién es y cómo puedes llegar a él?


¿Estoy apuntando de manera correcta a mi Público Objetivo?

¿Por qué las empresas necesitan comunicarse con sus públicos? ¿Cuál es el objetivo detrás de cada contacto con un cliente? ¿Cómo mis mensajes afectan a la imagen de mi marca? ¿Quién va a consumir mi servicio y por qué? ¿Realmente estoy llegando a las personas que quiero llegar?


Todas estas son solamente algunas de las tantas preguntas que debemos hacernos al momento de accionar, al momento de trasmitir un mensaje, sea por el canal comunicacional que sea, o por tu propio accionar y el de tu equipo.

Todo lo que hagas, todo lo que digas y todo lo que muestres está proyectando una imagen y una identidad de tu marca, de tu empresa. Tanto las palabras que utilices como las gesticulaciones y actitudes que tengas para con un cliente o potencial cliente, o bien para quien esté allí afuera, en el mercado, observando lo que está pasando, habla de quien sos a nivel corporativo. Habla de tu marca. Provoca sensaciones y percepciones en los receptores del mensaje que son quienes van a colaborar en el posicionamiento de tu marca. Porque lo que la opinión pública y tus clientes y potenciales clientes digan acerca de tu empresa, por supuesto que hace fuerza en lo que estás construyendo: tu imagen corporativa y tu identidad.

Esa imagen y esa identidad corporativa son las que te van a acercar o alejar a los clientes. Y cuando digo “alejar” no lo hago con una connotación negativa, porque yo puedo estar alejando a potenciales clientes que tal vez consuman mi servicio en otra empresa que ofrece algo similar. Pero similar no es lo mismo. Y ese “potencial cliente”, entre comillas, no es el público al que yo quiero apuntar porque no se acerca a mi cliente ideal. Por tanto, en realidad no es mi público objetivo. Es una persona que consume servicios similares al mío.


Entonces, si mis mensajes están alineados exactamente a lo que quiero transmitir, a la imagen corporativa con la que quiero ser percibido, y si esto, a su vez, está perfectamente alineado y es consistente con el tipo de servicio y la calidad que mi empresa ofrece, entonces muy probablemente aleje a un posible “público objetivo”. Éste puede consumir una vez lo que ofrezco, pero es un cliente volátil, que no se adapta al perfil de cliente ideal que quiero captar y, por tanto, es un cliente que muy difícilmente se mantenga. Y sí, voy a acercar al cliente realmente potencial, ese que se acerca al modelo de cliente ideal para el que dirijo cada uno de mis mensajes. Por supuesto que no vamos a echar al "falso cliente potencial" si viene a consumir mi servicio, pero tampoco vamos a invertir tiempo y esfuerzos para atraerlo. Porque no nos interesa.

Poniendo en limpio todo esto, las empresas deben tener muy en claro cuál es su “cliente ideal” para poder diseñar estratégicamente los mensajes comunicacionales más precisos y consistentes. Y cuando hablo de mensajes comunicacionales me refiero a la comunicación verbal y no verbal. ¿Qué lenguaje utilizas para comunicarte con tus clientes? ¿Por qué canales te comunicas con ellos? ¿Qué dices y de qué hablas en tu comunicación? ¿Cuál es la calidad real de tu servicio y cuáles tus precios? Y creanme que este último es un gran depurador de clientes.

En definitiva ¿cómo te muestras, cómo accionas y por dónde llegas a ellos? Y, en consecuencia… las acciones que estás haciendo ¿están acercando a ese cliente ideal que pretendes captar y fidelizar? ¿O te están llegando “falsos clientes potenciales”?


Si el caso fuese el segundo, entonces debes reajustar tu estrategia de comunicación. Tus mensajes no están siendo los más adecuados, o el modo en el que te estás mostrando en el mercado tampoco lo es. O bien pueden haber otras fallas o errores que se deban reajustar y redireccionar en tu estrategia de comunicación.

Lo principal en lo que debes poner foco si quieres captar y fidelizar a tu cliente ideal, a tu “público objetivo” real, es en la calidad de los mensajes y acciones que proyectes y no en la cantidad de personas que captes. Porque una vez que tengas esto bien definido, bien depurado y bien aprehendido, entonces estarás en el camino correcto hacia el objetivo y atraerás únicamente a ese cliente que vale la pena y quieres contigo.


Ahora bien, yo te pregunto, ¿tienes bien definido quién es tu cliente ideal? ¿Qué hace? ¿Cómo se viste? ¿Qué le gusta? ¿Cuáles son sus rutinas? ¿Cuáles son sus hobbies? ¿Qué tipo de vida tiene? ¿Cuál es su situación económica, sentimental o familiar?

Te dejo esto para meditar, para pensar y replantearte si realmente estás atrayendo al cliente que quieres o no. Si estás en el camino correcto y tu público activo es realmente el que pretendes para tu negocio, entonces te felicito y adelante con eso!!! Tienes gran parte del camino hacia el éxito allanado!


Ahora bien, si no es ese tu caso, entonces… no te preocupes pero necesitas ponerte manos a la obra. Necesitas repensar tu estrategia, definir cuál es tu cliente ideal, cómo vas a llegar a él y cuáles van a ser los mensajes que vas a comunicar para alejar a esos potenciales clientes que no quieres para tu negocio, porque entorpecen el camino hacia el posicionamiento de marca que quieres alcanzar, y vas a atraer a los clientes que sí son ideales para tu negocio.

Puedes decirme, “bueno Nati, pero yo lo que quiero es vender. No me importa quién me compre”. Y yo te digo, ok. Todos queremos vender en nuestros negocios. Pero, ¿tu quieres vender ahora? ¿O quieres vender siempre? Ahí radica la diferencia. Tu negocio, ¿está de paso? ¿O quieres instalarlo y mantenerlo? Esta es la gran diferencia entre comunicar con estrategia y hacerlo sin estrategia. El éxito de cualquier negocio lo sostienen los clientes que consumen de ese negocio. Sean productos o servicios. Entonces, te propongo que medites acerca de esto, te sinceres contigo mismo, pongas a tu empresa o emprendimiento delante de tus ojos (y todo lo que ella implica) y te hagas esta pregunta: ¿estoy en el camino correcto o tengo que reajustar algunas (muchas o pocas) cosas?


¡Todo accionar estratégico suma y mucho! Vale la pena destinar tiempo a ello porque realmente... ¡Hace la diferencia!



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